Sin lugar a dudas, uno de los mayores dolores de cabeza de una periodista (sea o no freelance) es gestionar la agenda de eventos y viajes. Teniendo en cuenta, por supuesto, el tiempo que necesitamos para informarnos y sentarnos frente al ordenador. Ante una vida tan ajetreada, acudir a una presentación o dejar el portátil durante tres jornadas para acudir a un viaje de prensa no se hace ante cualquier propuesta. Los anunciantes de las cabeceras suelen marcar prioridades, pero a veces aparecen oportunidades con suficiente interés informativo como para reorganizarlo todo. Y sí, eso me ocurrió justo hace una semana.
Corría el mes de abril cuando Evelyn Fernández, fundadora de Antípodes Comunicación, y Emma Torras, se pusieron en contacto conmigo para invitarme al viaje Costa Brava de Moda. La cuarta edición de un press trip organizado junto al Patronat de Turisme Costa Brava Girona y el Club Premium del Patronat de Turisme centrado en moda, artesanía, gastronomía, paisaje y lifestyle. Un viaje destinado a conocer el ADN del territorio más allá de su mundo textil (aunque también había marcas de moda en el itinerario). Sin embargo, lo interesante para mí no era solo vivir el recorrido para poder contarlo en las revistas en las que trabajo, sino entender qué ocurre antes, durante y después de una convocatoria de estas características.

Cómo convertir un territorio en una historia editorial para prensa
Tras cinco horas de AVE, alguna que otra cabezada y revisar los flecos pendientes de la redacción, llegamos a la estación de Girona. El primer aprendizaje llegó antes de sentarnos a comer en Gla Empordà, una concept store, estudio de interiorismo y taller de artesanía ubicado en La Bisbal d’Empordà. En este destino había moda, había artesanía, había gastronomía y había paisaje, pero todo debía responder a una misma idea. El punto de partida era más amplio y, por eso mismo, más difícil de acotar.
Evelyn lo resume así: “Cuando trabajas desde comunicación con un territorio como la Costa Brava, entiendes muy rápido que no puedes comunicarlo como si fuera una campaña convencional de producto. Aquí no había una colección, un hotel o una marca concreta que posicionar, sino una sensibilidad compartida”. Esa diferencia cambia por completo el trabajo de PR, porque obliga a ordenar muchas voces bajo un mismo paraguas narrativo.
En realidad, esa fue una de las claves del viaje. La Costa Brava no aparecía solo como escenario, sino como origen de una forma de crear. En Gla Empordà, la primera parada, esa idea se entendía desde la artesanía y el contacto con quienes producen desde el territorio, como Abricoc. Más adelante, también aparecería en All That She Loves, donde jugamos a crear nuestro propio tie dye en un pareo siguiendo una de las múltiples técnicas manuales de teñido, en el taller de alpargatas con Toni Pons y en la visita a Eccocivi, conectada con la figura de Elsa Peretti, íntimamente relacionada con la diseñadora de joyas Elsa Peretti, que encontró en la Costa Brava su refugio creativo para las colecciones con Tiffany.
“Costa Brava de Moda nace precisamente de esa idea; explicar que el lujo actual ya no tiene que ver únicamente con exclusividad, sino con autenticidad, artesanía, producción local, paisaje y tiempo”añade Evelyn. Para una periodista, ese planteamiento tiene valor porque ofrece varias entradas posibles. Para PR, plantea un reto claro. Antes de diseñar la agenda, hay que saber qué mensaje se quiere construir y qué papel ocupa cada parada dentro de ese relato.

Cómo diseñar la agenda de un viaje de prensa
Una de las grandes tentaciones de este tipo de convocatoria es llenar el itinerario hasta el límite. Más visitas, más nombres, más fotos, más estímulos. Sin embargo, cuando una periodista viaja también necesita pensar, preguntar, tomar notas, ordenar ideas, prestar atención a su correo electrónico y, a veces, simplemente mirar con calma a su alrededor. En este caso, el recorrido funcionó porque combinaba momentos de actividad con pausas suficientes para asimilar lo que estaba ocurriendo.
“La clave está en editar muchísimo el itinerario. En comunicación, a veces el mayor lujo es dejar espacio”, señala Fernández.
Y esa frase resume buena parte de lo que muchas veces se olvida al organizar un viaje de prensa. Una agenda puede ser completa sin ser agotadora.
La clase de yoga en Finca Victoria marcó un inicio pausado para el segundo día. Después llegaron el camino de ronda, la visita a Casa Brava de Viu Empordà, la cata de aceites en Trull Fontclara, la comida en Finca Fontclara y el taller con All That She Loves en Calonge. Cada parada sumaba una capa distinta, ofreciendo a las periodistas distintas vías para sus artículos y reportajes. “Nosotras construimos el itinerario pensando más en ritmo narrativo que en cantidad de actividades”, apunta Evelyn.

La producción de un press trip: lo que no aparece en el programa
Después de varios viajes de prensa, una aprende que lo que parece fluido casi nunca ocurre por casualidad. Detrás de los traslados, las comidas y las paradas existe una cadena de decisiones que el grupo apenas percibe. En Costa Brava de Moda, el hotel Finca Victoria funcionó como base, El Far Hotel Restaurant como cierre de una jornada intensa y los desplazamientos entre Begur, Fontclara, Calonge y Girona como parte silenciosa del engranaje.
“La parte más compleja es conseguir que todo parezca espontáneo cuando en realidad hay muchísima estrategia detrás. Un press trip funciona cuando la experiencia fluye, cuando las periodistas sienten que descubren algo de manera orgánica, pero para llegar ahí hay una coordinación enorme”, explica Evelyn.
A esto añade que “hay decisiones invisibles constantemente: qué perfiles invitamos y cómo dialogan entre sí, cuánto tiempo necesita realmente una periodista para preguntar, realizar alguna entrevista o crear contenido, qué restaurante tiene la luz adecuada a cierta hora, cómo equilibrar momentos sociales con espacios de descanso, o incluso qué traslado puede convertirse en una conversación interesante en lugar de un simple desplazamiento…”

También señala algo que pocas veces se verbaliza desde fuera: “Como PR, no solo organizas una agenda; gestionas energías, ritmos y expectativas”. Ahí está una de las grandes claves. Un buen press trip no depende únicamente de cumplir horarios, sino de leer al grupo, anticipar imprevistos y saber cuándo conviene ajustar el plan aunque el planning inicial diga otra cosa.
A esa capa visible se suma una preparación previa que pocas veces aparece en el resultado final. “Está toda la parte previa que casi nunca se ve: llamadas, visitas técnicas, negociación con colaboradores, coordinación con hoteles, adaptación de horarios, planes alternativos por clima…”, recuerda Evelyn. En este caso, además, la colaboración con el Patronat de Turisme Costa Brava Girona, con Sandra Perich como eje central, fue clave para articular el proyecto junto a los socios del territorio.
Qué necesita una periodista para que el viaje se convierta en contenido
Desde el lado de la periodista, una experiencia de este tipo debe ofrecer algo más que esa sensación de exclusividad. Necesitamos nombres y apellidos, contactos directos, contexto suficiente para hilar un relato, imágenes, tiempo para tomar notas y cierta libertad para encontrar nuestro propio ángulo. En este caso, el viaje permitía abrir varias puertas editoriales y eso es de agradecer para que el trabajo posterior de cada periodista sea único y de valor. El tiempo del que hablábamos antes nos da espacio para preguntar, reflexionar, pararnos más de un par de minutos ante algo que nos llame la atención. Y eso, aunque parezca obvio, no ocurre en todas las agendas.
Asimismo, Evelyn también insiste en algo clave: la afinidad entre invitada y proyecto. “No se trata de llenar plazas, sino de construir conversaciones relevantes”, afirma. Y tiene sentido, porque cuando una redactora dedica dos o tres días a salir de su rutina necesita volver con material difícil de conseguir desde el escritorio. “Hoy las periodistas necesitan espacio para trabajar durante el viaje. Entender eso desde PR es fundamental”, añade. Menos acumulación y más utilidad puede traducirse, de hecho, en mejores piezas editoriales.

Cobertura de un viaje de prensa: qué esperar y cómo gestionarla
La parte más delicada llega cuando el viaje termina. Vuelven los correos, las entregas pendientes, las reuniones y esa sección de notas en el iPhone que necesita orden. En ese momento, el seguimiento por parte de PR puede ayudar mucho. La diferencia suele estar en el tono. Se agradece que faciliten datos, resuelvan dudas y envíen material, pero también que entiendan los tiempos reales de una redacción y las prioridades de cada medio.
“Para nosotras, la relación con prensa siempre debe basarse en la confianza y no en la imposición. Claro que, cuando organizas una acción así esperas que genere visibilidad y conversación, pero entendemos perfectamente que cada periodista tiene su línea editorial, sus tiempos y su manera de trabajar”, resume Evelyn. También recuerda que “la mejor cobertura no siempre es la más inmediata, a veces una periodista vuelve inspirada y meses después desarrolla una pieza mucho más profunda”.
En 2026, un viaje de prensa funciona cuando la periodista regresa a casa con cientos de hilos narrativos en la cabeza, pero también con la sensación de haber aprovechado el tiempo sin poner en riesgo nuestra salud mental. “Cuando una periodista siente respeto y libertad editorial, normalmente la conexión con el proyecto acaba siendo mucho más auténtica y sólida”, subraya Evelyn, dejando claro que, cuando la experiencia está bien pesada, la cobertura nace de forma orgánica.
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