Moverse entre dos mundos que, a priori, parecen opuestos, pero que en realidad se necesitan más de lo que imaginamos. Así es el día a día de Rafa Ortiz, redactor freelance colaborador en cabeceras como Glamour (Condé Nast), CLARA (RBA), Belleza Solidaria o Noble&Style —tras su paso por InStyle— y, al mismo tiempo, ejecutivo de cuentas en Fabra Comunicación.
Una doble vida profesional que le permite habitar tanto el lado editorial como el corporativo de la comunicación, entendiendo las dinámicas, exigencias y lenguajes de cada uno desde dentro. En esta conversación hablamos sobre equilibrio, energía, vocación y sobre cómo encontrar sentido (y coherencia) cuando se trabaja en dos frentes tan intensos como complementarios. Nos cuenta cómo se organiza, qué le aporta cada rol y por qué moverse entre ambos mundos no solo es posible, sino profundamente enriquecedor.
¿Cómo es tu día a día combinando tu trabajo como redactor freelance con un puesto de 40 horas en una agencia de comunicación?
Es bastante intenso, no te voy a engañar, pero no es insostenible y lo cierto que es muy estimulante. Durante el día estoy centrado al cien por cien en la agencia: reuniones, clientes, estrategia, seguimiento de proyectos, notas de prensa, pitchs para medios… Y cuando termino la jornada en la oficina, cambio de personalidad y entro en modo redactor. Ahí escribo por las noches o los fines de semana, lo que a veces implica descansar menos.
También se cumple eso que se suele decir de que los freelances no tenemos horario (aunque este tema sería otro debate, porque no siempre es tan así). Y, aunque en mi caso es una elección propia y enriquecedora, tampoco pretendo romantizar la precariedad que atraviesa el sector del periodismo, donde cada vez más compañeros se ven obligados a moverse entre ambos lados por necesidad.

¿Cuál dirías que es el mayor reto de tener dos trabajos tan intensos y complementarios a la vez?
El mayor reto es la gestión del tiempo y, sobre todo, de la energía. A veces es complicado llegar con la cabeza clara a todo. Hay semanas muy exigentes en las que tienes que apretar más de la cuenta, dormir menos y, por supuesto, renunciar a planes de ocio. Lo bueno es que aprendes a escucharte mucho.
¿Qué te aporta el trabajo en agencia que no te da el mundo editorial, y viceversa?
La agencia me da una visión mucho más estratégica y global de la comunicación. Entiendes por qué se toman ciertas decisiones, cómo se construye una marca o un lanzamiento entre bastidores a largo plazo y cómo al final encajan todas las piezas del puzzle. En cambio, el mundo editorial me da una mayor libertad creativa, para mí es una forma de mostrar esa visión más personal de la moda y la belleza de una forma más distendida.
¿Sientes que uno de tus trabajos “alimenta” al otro? ¿De qué manera se retroalimentan?
Totalmente. El trabajo en agencia me hace escribir o tomar decisiones con unos objetivos claros, más corporativos. Y seguir dentro del mundo editorial me ayuda a no perder el pulso de lo que interesa en el momento y, lo más importante, de cómo se cuenta. Al final, estar en los dos lados me permite entender mejor las necesidades de cada parte y fomentar relaciones con la prensa de una forma más empática y útil, sabiendo qué espera una marca y qué valora de verdad un medio. Creo que moverme a la vez entre ambos mundos me ha dado una visión muy completa y me ha hecho mucho más versátil.
¿Qué habilidades del mundo editorial te han servido más en tu rol como ejecutivo de cuentas?
Sin duda, el reconocer qué ángulo o enfoque puede funcionar mejor. Como ejecutivo de cuentas, eso me ayuda mucho a anticiparme, a ajustar expectativas y a proponer ideas más realistas y alineadas con los medios, además de que eso me permite asesorar mejor a los clientes, evitar movimientos poco creíbles y construir propuestas que tengan sentido tanto para la marca como para los periodistas.
Trabajando con marcas como GHD, ¿qué has aprendido sobre la comunicación en el sector belleza desde el lado más corporativo?
He aprendido la importancia de los datos, así como de analizar y de medir resultados, algo que desde fuera muchas veces no se ve tanto ni se aprecia como debería. Y, sobre todo, que cuando eres una marca, seas más o menos conocida, la confianza del consumidor (y, por tanto, de la prensa) lo es todo y ahí juega un papel clave la honestidad. Es un aprendizaje que luego también aplico cuando escribo o colaboro con medios.
¿Cómo ves el futuro del mundo editorial, especialmente en belleza, con el auge de redes sociales y nuevos formatos?
Ya se lleva diciendo un tiempo, pero el mundo editorial no va a desaparecer y mucho menos el papel, pero sí va a transformarse aún más. Creo que se volverá todavía más selectivo y más honesto. Habrá menos cantidad y más calidad, así como nuevas voces con otro criterio y otros enfoques. En belleza especialmente se le va a dar más valor a lo humano, dejando de lado esa parte frívola a la que a menudo se le asocia y, como ya hemos ido viendo en redes, los nuevos formatos irán enfocados en conectar desde un lugar más real.

¿Y cómo ves el futuro de las relaciones públicas dentro de unos años? ¿Hacia dónde crees que va el sector?
Veo un futuro editorial más pausado y con más intención, es decir, menos envío masivo y más relaciones reales, más colaborativas y creativas. También creo que cada vez se apostará más por perfiles híbridos y especializados en el sector en su sentido más amplio porque es una forma de enriquecer una empresa, independiente del lado en el que se encuentre (agencia o medio).
¿Qué consejo le darías a alguien que quiere empezar como redactor freelance pero también le interesa el mundo de la comunicación y las agencias?
Que pruebe ambos mundos y que no tenga prisa por encasillarse en uno de los dos. Eso sí, recomiendo empezar por el mundo editorial porque te va a permitir conocerlo desde dentro y aprender también el mundo agencia desde fuera como periodista de lifestyle o, al menos, es lo que a mí me ha funcionado y que luego me ha servido para relacionarme desde mi puesto como ejecutivo de cuentas de belleza. Y no menos importante: que cuide mucho las relaciones humanas, tanto las profesionales como las que no, desde el principio. Y, por último, sobre todo, que tenga paciencia, mucha, que en este sector hace falta.
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