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Rocío Carasso, fundadora de Rocpr: “Creo que el papel sigue teniendo un valor importante en 2026 porque es un soporte donde la magia ocurre de muchas maneras”

Las marcas cool también necesitan estrategia y Rocío Carasso lo sabe muy bien.

Si hay algo que nos gusta en Network Editorial es sentarnos frente a mujeres inspiradoras. En especial, si hablamos de pesos pesados del mundo del PR y la comunicación, como Rocío Carasso. Ella es la fundadora de Rocpr, una agencia de relaciones públicas y comunicación que en pocos años se ha convertido en una de las más activas en el ecosistema lifestyle y startup en España. Tras casi ocho años en una gran agencia de comunicación en Barcelona, en 2021 decidió lanzarse a emprender con la idea inicial de trabajar como freelance. Aquella decisión terminó dando forma a Rocpr, una agencia que hoy reúne a un equipo de más de veinte personas y que acompaña a algunas de las marcas más dinámicas (y deseadas) del momento.

Desde Rocpr, Carasso ha impulsado la visibilidad de compañías como Nude Project, Vicio, La Martinuca, MiiN Cosmetics, Relleno o Brownie. Su enfoque combina intuición estratégica, cercanía con clientes y una relación muy directa con medios e influencers para amplificar historias que conecten con la audiencia. En un contexto de saturación informativa, su trabajo demuestra que las relaciones públicas siguen siendo clave para construir reputación y hacer que una marca realmente suene fuerte, dentro y fuera de las redes sociales.

Cuando miras atrás, ¿qué momento te hizo pensar “ya está, ahora sí que tengo que hacerlo por mi cuenta”?

Hubo un momento clave en el que ciertas personas de mi vida me dieron el empujón que necesitaba. Yo siempre había pensado que no iba a ser mi propia jefa ni a montar nada, porque era muy feliz trabajando para una agencia que no era mía. Pero todos tenemos un momento en el que la perspectiva cambia. En mi caso, ese momento estuvo influido por personas cuya opinión valoro mucho: familia y amigos emprendedores que me contagiaron la idea de que era el momento de saltar y probar a hacer algo por mi cuenta.

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Parte del equipo de Rocpr

¿Qué fue lo primero que cambiaste al pasar de estructura corporativa a agencia propia: tu forma de decidir, tu ritmo o tu manera de medir el éxito?

Creo que todo cambió un poco. Lo primero fue la forma de acercarme a las marcas y a los clientes con los que trabajo. Aprendí muchas cosas buenas trabajando en una gran agencia, pero también entendí que había aspectos que no resonaban con mi manera de hacer las cosas cuando trabajas por tu cuenta.

También cambian las decisiones cuando trabajas para una empresa de otra persona o para la tuya propia, y sobre todo la manera de calibrar el éxito. Desde que empecé en Rocpr, el éxito lo hemos medido más por las experiencias que nos da trabajar con nuestros clientes que por la cuenta de resultados.

En las grandes agencias es normal tener objetivos muy ambiciosos, pero en estos cuatro años y medio nosotros hemos medido el éxito a través de la conexión y la felicidad que genera trabajar con los clientes y hacer equipo con ellos. Ese es uno de los enfoques que tenemos en Rocpr.

¿Cuál fue tu mayor miedo al arrancar y cuál fue el mayor autoengaño que te desmontó el primer año?

El mayor miedo al arrancar un proyecto así creo que es común a cualquier emprendedor: el miedo al fracaso. Es la sensación de tirarte a una piscina que puede que esté vacía y preguntarte qué pasará si las cosas no salen bien. El mayor autoengaño, quizá, fue pensar que empezando yo sola y sin nada —literalmente sin ningún cliente— podía empezar a crear las primeras semillas de un proyecto de agencia de comunicación.

En realidad, yo empecé con la idea de ser freelance durante mucho tiempo, pero en los primeros meses me di cuenta de que había potencial para crear algo mucho más grande y bonito: un equipo y una agencia como es Rocpr.

Rocpr crece rápido y suena fuerte: ¿qué parte de ese crecimiento fue estrategia y cuál fue pura intuición?

Lo primero que se me viene a la cabeza es que hubo poca estrategia. En estos cuatro años y medio nunca ha habido un business plan encima de la mesa y a veces miro atrás y me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí. Ha habido mucha intuición, mucha motivación y la sensación de que había algo bonito que podía ir creciendo. Aunque parece que no hay estrategia, en el fondo sí la hay. De forma natural fuimos tomando decisiones que marcaron el rumbo hasta donde estamos ahora.

A veces, decir que no a ciertos proyectos también es una vía para marcar una estrategia: decidir cuántos proyectos haces, de qué tipo y de qué manera. Lo mismo ocurre al escoger el talento del equipo. Quizá no lo pensábamos como una estrategia en ese momento, pero cada decisión ha ido definiendo el camino. Creo que hay un poco de estrategia en la intuición y un poco de intuición en la estrategia.

¿Qué aprendiste de tus años en agencia grande que hoy aplicas tal cual, y qué decidiste no repetir nunca?

Aprendí muchísimo en la gran agencia y estoy muy agradecida por esa etapa. Estuve casi ocho años en una agencia enorme y con muchísima reputación, y fue como hacer un máster. Lo que más aprendí y aplico hoy es el ritmo y la capacidad de trabajo. Son agencias que van muy rápido y te exigen mucho, además de darte la oportunidad de trabajar con clientes muy grandes, con grandes presupuestos y proyectos que quizá ni imaginas cuando empiezas con clientes pequeños.

Toda esa parte la hemos aplicado desde el principio a lo que hacemos. Lo que decidimos no repetir son ciertos procesos y metodologías propios de las grandes agencias, que quizá son necesarios para estructuras tan grandes, pero que nosotros preferimos evitar. Para nosotros es fundamental la cercanía y la confianza con los clientes. Queremos construir relaciones basadas en la transparencia y el trabajo conjunto, casi convirtiéndonos en parte de sus equipos desde el primer día.

Cuando dices que la actitud os diferencia, ¿cómo se traduce eso en el día a día con un cliente exigente?

La actitud es ese factor X que a veces cuesta definir, pero que se nota en los pequeños detalles. En el día a día con el cliente se traduce en dar siempre un plus: ver cosas, hacer recomendaciones o dar un feedback que quizá no espera de un proveedor al uso. Ese es uno de nuestros retos y nos lo tomamos muy en serio.

Intentamos transmitirlo al equipo para que forme parte de su forma de trabajar, desde mi relación directa con el cliente hasta la persona que acaba de incorporarse a una cuenta. Siempre buscamos aportar ese extra y, sobre todo, que el cliente sienta que estamos detrás de él, apoyándole, y no al revés.

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Equipo de Rocpr

¿Qué valor sigue teniendo el papel en 2026 y por qué crees que sigue imponiendo tanto, incluso en generaciones jóvenes?

Creo que el papel sigue teniendo un valor importante en 2026 porque es un soporte donde la magia ocurre de muchas maneras. Incluso las nuevas generaciones, que han crecido en un entorno casi 100 % digital, lo valoran mucho. A nosotros nos encanta salir en papel.

Antes quizá algunos clientes no le daban tanta importancia porque lo equiparaban al digital, pero hoy se reconoce más su valor. El papel impone y aporta mucha reputación. Además, ensalza las historias de las marcas de un modo que el digital no siempre permite. Una página en papel se convierte casi en una pieza especial: algo que puedes guardar, enmarcar o compartir después también en digital. Por su formato y su permanencia, eleva a cualquier marca.

¿Qué errores de comunicación ves repetir más a menudo en marcas “cool” que crecen a velocidad?

Uno de los errores de comunicación que más se repite en las marcas es querer comunicarlo todo. Cuando una marca empieza a destacar, ya sea por su éxito en redes sociales o por sus productos, tiende a pensar que todo debe comunicarse. Sin embargo, no todo necesita una acción de PR, una nota de prensa o una comunicación formal.

Hay historias que requieren otros formatos y otras maneras de contarse. También es clave el momento de comunicar. A veces se cuenta algo demasiado tarde, cuando ya no es relevante para los medios, y otras veces demasiado pronto, cuando el proyecto todavía necesita madurar. En muchos casos es mejor esperar, ver resultados y después contar la historia desde una perspectiva más sólida y atractiva para los medios.

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