En un sector tan frenético (y, a veces, superficial) como la moda o la belleza tendemos a quedarnos con aquello que brilla, sin pensar que detrás de cada lanzamiento, campaña o estrategia esconde el ADN de una -o varias- personas. Desde becarias hasta directoras de comunicación cuyo principal fin es liderar a un equipo de grandes dimensiones sin perder su identidad, las relaciones públicas son un eje clave dentro de un universo en le que estar presente es esencial. Si hablamos de ascensos frenéticos, y muy bien meditados, toca hablar de María Verardini, actual directora de comunicación en Fabra Comunicación.
Con clientes como GHD o Llongueras, la granadina pasó de formar parte del equipo de tiendas de una importante tienda deportiva a ser redactora de Telva. Hasta llegar a su posición actual, ha trabajado como showroom assistant, ejecutiva de cuentas y ha sido docente en un máster de moda. Ahora, ocupa un rango importantísimo en una de las agencias más renombradas. Eso sí, las exigencias del día a día pueden pasar factura y balancear la vida profesional y privada no es siempre tarea sencilla.
Nos sentamos con ella para hablar sobre cómo liderar a un equipo con eficacia, cómo lidiar con el desgaste emocional o cómo encontrar la motivación dentro de una rutina que nunca se detiene.

Tu trayectoria en comunicación ha sido muy sólida y progresiva. ¿Cuál dirías que fue el momento clave que te confirmó que este era tu camino profesional?
Siento que mi camino profesional ha estado ligado a la comunicación y a las relaciones públicas desde muy pequeña. Desde muy joven trabajé como RRPP en locales de ocio, experiencia que más adelante trasladé al mundo de la moda y de la comunicación, donde me sigo desarrollando a día de hoy.
El momento clave creo que llegó cuando, en mi primer trabajo en agencia, me di cuenta de que estaba haciendo exactamente el mismo trabajo de RRPP, pero dentro del sector de la moda y la belleza.
A día de hoy sigo viendo que esta profesión, y la comunicación en particular, abre puertas hacia espacios más internos y profundos, y eso últimamente me está atrayendo atrae especialmente.
El sector de las relaciones públicas es dinámico, competitivo y, a veces, exigente en ritmo y expectativas. ¿Qué es lo que más te motiva de trabajar en este entorno y qué te sigue sorprendiendo día a día?
Me motiva que haya proyectos nuevos constantemente y que el trabajo nunca sea lineal. También disfruto de la parte social del día a día: desde la dinámica en la oficina hasta los eventos semanales que realizo, con convocatorias desde 20 personas hasta 300. El sector de la comunicación, especialmente en moda y belleza, nunca se detiene, y esa exigencia también me mantiene despierta, curiosa y en movimiento.
Entre las muchas sorpresas del día a día, la más positiva es comprobar el impacto real que puede generar una buena estrategia: cómo, con rapidez, criterio y los contactos adecuados, es posible construir una narrativa sólida. Conseguir eso es lo que me sigue haciendo creer en este trabajo.
Liderar a un equipo con talento diverso no siempre es sencillo. ¿Cuál es tu filosofía de liderazgo y qué herramientas utilizas para mantener cohesión, motivación y creatividad dentro del equipo?
Creo firmemente que la comunicación es la base de todas las relaciones, tanto laborales como personales. Para liderar a un equipo, primero hay que saber escuchar y, sobre todo, ofrecer confianza para que el equipo pueda expresarse sin miedo, a proponer, a ejecutar, a equivocarse y a aprender. También es fundamental reconocer el esfuerzo individual.
Me encantaría incorporar más dinámicas de cocreación y espacios compartidos de inspiración, pero es cierto que, en un sector que no se detiene, resulta complicado generarlos. Aun así, sigo proponiéndolos para fortalecer el sentido de pertenencia de los equipos para con los proyectos.
Escalar profesionalmente en comunicación puede generar presión, autoexigencia y desgaste emocional. ¿Cómo gestionas tú el estrés y cómo fomentas el bienestar emocional entre las personas que lideras?
Es complejo trabajar en un sector tan digitalizado, donde la desconexión laboral se vuelve difícil de gestionar. Con los años estoy aprendiendo a cuidarme: me ayuda mucho el deporte “cuerpo y mente”, como el yoga o el pilates, así como la terapia para establecer límites sanos y recordar que no todo requiere una respuesta inmediata.
También es clave la desconexión digital: desconectar de las redes sociales al salir del trabajo e incluso eliminar las aplicaciones del móvil durante el fin de semana.
Con el equipo, promuevo la transparencia emocional: hablar cuando algo les molesta, pedir ayuda sino llegan a tiempo en sus proyectos y sobre todo felicitarles por sus logros, incluso los pequeños.

La relación con clientes y marcas implica equilibrio entre expectativas, resultados y reputación. ¿Qué valores consideras imprescindibles para construir relaciones profesionales sanas y duraderas en el sector del PR?
Para mí, existen tres pilares fundamentales: honestidad, coherencia y compromiso. La honestidad permite alinear expectativas desde el inicio; la coherencia nos hace actuar de acuerdo con lo que prometemos; y el compromiso recuerda que trabajamos como un equipo, no como simples proveedores. Cuando estos valores están presentes, las relaciones se vuelven más humanas, estables y fructíferas. Eso se nota en cada proyecto.
Además a lo largo de más de siete años de experiencia, he conseguido que muchas relaciones laborales —con clientes, periodistas y estilistas— se vuelvan incluso más personales que profesionales. Para mí, eso tiene un enorme valor.
La comunicación evoluciona constantemente: redes, formatos, métricas, audiencias. ¿Qué habilidades serán clave para los profesionales de PR en los próximos años?
Será esencial saber leer las necesidades del público objetivo y comprender qué consumen según su edad y contexto social. La empatía será cada vez más valiosa porque las personas buscan humanidad, actualmente ya lo estamos viendo con marcas como campañas de Jaquemus en el campo con referencias a casas de “abuelos”, o mismamente con Chanel y su último desfile en el metro de Nueva York. Y, por supuesto, la capacidad de construir narrativas que funcionen en distintas plataformas, como las mencionadas, sin perder la esencia.
La adaptabilidad seguirá siendo imprescindible, al igual que conseguir y mantener los contactos del sector. Pero, por encima de todo, creo que lo más importante será preservar una mirada crítica y ética en un entorno que evoluciona más rápido de lo que podemos procesar.
Para cerrar: imaginemos a alguien que acaba de empezar como PR junior, con ilusión pero también miedo a “no estar a la altura”. ¿Qué mensaje o consejo te habría gustado recibir cuando empezabas y que hoy transmitirías a la nueva generación?
Le diría que se mantenga curioso y con los ojos abiertos, es decir, no hace falta tenerlo todo bajo control, pero sí estar dispuesto a aprender, observar y adaptarse sobre la marcha. Este sector es bonito y está lleno de oportunidades, pero también es exigente y cada vez más competitivo, así que tener personalidad propia y no dejarse llevar por el FOMO, también es clave.
Le animaría a construir su camino, respetando sus valores. Hacer contactos, no solo como estrategia profesional, si no también para crear una red de apoyo que le acompañe en el día a día. Y muy importante; que sea consciente del día a día para identificar los espacios, tanto personales como laborales, donde se sienta cómodo, valorado y respetado. Si descubre que algún lugar o grupo social no es para él, no tiene que esforzarse en que sí lo sea; no todos encajamos con todos.
En este sector, crecer es fácil cuando trabajas con pasión, propósito, ambición y sobre todo autenticidad.
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